viernes, 30 de abril de 2010

"EL RINCÓN DE LOS CANALLAS" Y SUS 30 AÑOS DE CANALLADAS



Don Víctor Painemal en el antiguo refugio de "El Rincón de los Canallas" en calle San Diego, antes de trasladarse a Taparacá (fuente imagen: bibliobar.blogspot.com).

Coordenadas: 33°27'1.16"S 70°39'2.48"W (antes) 33°26'48.69"S 70°38'50.36"W (ahora)

Próximamente, durante el mes de mayo que ya se viene encima, uno de los bares-restaurantes más famosos y conocidos de Santiago cumplirá tres décadas redondas funcionando como verdadero emblema y registro del último gran período histórico vivido por Chile. Lo hará en una barriada distinta de la que le vio nacer, pero con el mismo cariño y compromisos de sus fieles "canallas" noctábulos y que le han perdido el miedo a las calles oscuras de la noche adormilada por pipeños, borgoñas y chichas.

Corría el principio de los ochentas y las noches de Santiago estaban prácticamente muertas a causa de los "toques de queda" ordenados por el Régimen Militar, para mantener a la población civil encerrada en sus casas en medio del clima de alta tensión social que había hacia aquellos días. Los borrachines y nictófilos se lamentaban mirando por el vidrio empañado de la ventana las luces de una ciudad ajena y hostil que les negaba sus barras y chuicos, y cuando la televisión terminaba apenas después de la fría medianoche.

Intuyendo la cantidad de gargantas secas y angustiadas que quedaban adoloridas cada depresiva noche de "toque de queda", el comerciante oriundo de Temuco y de linaje directo mapuche, don Víctor Painemal, alias "El Canalla 1º", tuvo una visionaria idea: crear un local nocturno con características de picada que sirviera de refugio tranquilo, cómodo y seguro a todas esas ovejas descarriadas que preferirían enfrentar las restricciones del gobierno antes que quedarse escuchando la radio Moscú en la casa.

EL ANTIGUO LOCAL

Painemal consiguió arrendar una oscuro salón, bautizándolo como "El Rey de los Pollos Asados" e inaugurándolo el 20 de mayo de 1980, en la víspera de la gloriosa doble gesta de Iquique y Punta Gruesa. Este antiguo local no era de grandes dimensiones, pero tenía todo lo necesario para la satisfacción de los cientos de comensales que llegaban cada semana a comer pollitos a las brasas, carne asada y beber a destajo. En plenos años de la Recesión Mundial, su carta se fue ampliando con comidas chilenas, perniles, sanguchitos populares y mucho vino.

El boliche, atendido por el propio don Víctor y su esposa, abría después del "toque de queda" cerrando la puerta hasta la mañana, cuando los clientes se retiraban tras la larga noche de jarana y entretención. Algunos músicos folklóricos llegaban hasta él para amenizar las largas noches de encierro, mientras la incertidumbre y el peligro rondaban afuera.

Las autoridades se enteraron de la existencia del curioso local y no tardaron en aparecer. Seguramente nunca consideraron un peligro real a un grupo de inofensivos rotos bebedores insomnes, pero el hecho de estar violando el "toque" los motivó a fregar algunas veces al local de Painemal, quitándosele la patente que le permitía funcionar dentro de la legalidad. En 1983 y en circunstancias muy extrañas, además, el local sufrió un incendio que fue denunciado como intencional, pues ya había existido un amago el año anterior. Virtualmente destruido, fue además clausurado.

Frustrado, Painemal volvió a vivir en la Araucanía, pero notó que sus clientes seguían con la expectativa de que reabriera el local y se ofrecieron para ayudarle en esta tarea. Así, reconstruyó su negocio atrás de la sombría galería de un antiguo edificio de fachada estilo francés clásico, en calle San Diego 379, en el local B, pero esta vez tomó sus resguardos, como veremos.

Don Víctor recuerda que lo rebautizó de inmediato como "El Rincón de los Canallas", aludiendo al desprestigio que se habían ganado todos los asistentes del club entre sus enemigos en el poder, que allanaron el local unas 67 veces durante este período. Sin embargo, hay quienes aseguran que el nombre era originalmente "Club de los Canallas" o simplemente "Los Canallas", transformándose después en "El Rincón de los Canallas" por el uso y la reiteración, además de la característica "arrinconada" que tenía su ubicación dentro del edificio y del barrio.

Antigua entrada al lúgubre pasillo hacia el club canalla, ya desaparecida.

Algunos mensajes en los muros del pasillo.

Vista interior del ex local de San Diego (fuente imagen: eldigital.bligoo.com)

"SANTO Y SEÑA"

También se estableció un protocolo para el acceso al negocio, a esas alturas funcionando asumidamente como bar-restaurante clandestino. Se creó así el "santo y seña" que debían dar todos los clientes que golpearan la puerta o tiraban la cuerda colocada en la entrada y que movía una campanita interior. El acceso en esos años quedaba al fondo del pasillo, más allá de aquella puerta de entrada que tenía ya en sus últimos años funcionando en este local de calle San Diego.

Cuando alguien aparecía, entonces, desde adentro les preguntaban "¿Quién vive canalla?"; y el visitante debía responder con la clave de cada día que se difundía oralmente entre los clientes o bien podían enterarse escuchándola como una cuña que se metía discretamente entre saludos leídos al aire en la radio Colo-Colo, quizás la más popular de la frecuencia AM en aquellos años pero que, para curiosidad histórica, en muchos aspectos no disimulaba simpatías por el Régimen Militar.

Quien no lo conocía, no entraba, pues se le exigía a todos, incluso a los que formaban parte de la familia del club, como las más de diez personas que allí trabajaban y músicos que iban regularmente a amenizar el ambiente, entre ellos el acordeonista Edigio Altamirano, mismo que repasa sus repertorios de cuecas bravas y tangos en el barrio, entre las mesas del popular restaurante "Las Tejas".

Hubo innumerables "santos y señas" exigidos para que se abriera esa puerta metálica. Entre otras muchas que se recuerdan, están algunos como:

  • "Canalla llamando a canalla".

  • "Las zarzamoras están moradas".

  • "Canalla, canalla, canalla"

  • "Florecieron los maitenes".

  • "Está lloviendo en Puerto Montt".

Sin embargo, fue inevitable que aún con todas precauciones, de todos modos les cayera algunas veces más el peso represivo, con allanamientos, redadas y detenciones.

La famosa puerta, donde se cobraba el "santo y seña".

Vista del edificio de San Diego y la ex entrada al local, ya demolidos.

CAMBIOS POLÍTICOS Y CONTINGENCIA

Muchos políticos, intelectuales y artistas se reunían en "El Rincón de los Canallas", la mayoría de ellos de izquierda, como podrá sospecharse. Por eso el local tiene una evidente y cargada estética política y cultural de esta orientación, abundando las imágenes de Salvador Allende, de Violeta Parra, de Pablo Neruda o de Víctor Jara. Alentado por sus raíces indígenas, don Víctor también acumuló muchas referencias a la cultura e iconografía mapuche y la Araucanía en la decoración. "¡Arauco vive!", se repite por todos lados, aunque no vemos las demostraciones separatistas que están de moda en esta clase de discursos indigenistas, pues Painemal se manifiesta bastante patriota a su manera.

También existe la leyenda urbana de que fue en sus salas que surgió la idea de fundar la Concertación de Partidos por el No para enfrentar el plebiscito de 1988, cuyo resultado puso fin al mandato del General Augusto Pinochet, cuando el negocio era visitado por muchos dirigentes partidistas que formarían parte de los gobiernos que siguieron al Régimen Militar.

Al asumir la Concertación el Gobierno de Chile en 1990, "El Rincón de los Canallas" se convirtió en un símbolo de enorme valor para los tiempos que en aquellos días comenzaban a vivirse. Tras casi diez años funcionado de forma irregular, se le devolvió su patente comercial y dejó de ser, así, la caverna clandestina que había sido por tantos años. Su pasillo fue llenado por mensajes y proclamas que, según dicen, antes habían sido usadas de "santo y seña", como "Tienes el derecho de vivir en tu país", "Tú siempre primero" o "Lo que dijiste ayer sigue diciéndolo mañana". En la puerta del acceso donde se cumplía con el protocolo de entrada, ahora con timbre, letras blancas anunciaban con orgullo: "Canallas Club Internacional - Chile".

El local alcanzó entonces, de hecho, el prestigio internacional que hoy le identifica, siendo visitado por turistas de todo el mundo que llegaban atraídos por la curiosidad de conocer algo tan pintorezco. Se llenó de "canallas", como son llamados de entrada y hasta hoy los clientes, que formaron una especie de club ad hoc que agrupó a cerca de 4 mil nombres. Nuevas consignas y mensajes políticos fueron pintados en el pasillo de acceso y también adentro. Miles y miles de tarjetas de presentación eran dejadas por los visitantes en los muros del local, además de fotografías y dedicatorias escritas en las mismas paredes. Hacia mediados de la década, llegaron incluso reporteros extranjeros a entrevistar a don Víctor y mostrarle al resto del planeta la existencia de este histórico rincón de Santiago.

Vistas del antiguo local de San Diego en "Publimetro" (16/04/2008)

Don Víctor Painemal en un medio de prensa, poco antes del traslado.
(Fuente imagen
: eldigital.bigloo.com)

NOMENCLATURAS "CANALLAS"

En 1998, cuando el General Pinochet fue detenido en la clínica de Londres para iniciarse un juicio de extradición a España y donde el controvertido Juez Baltasar Garzón buscaba enjuiciarlo, "El Rincón de los Canallas" decidió fijar un "santo y seña" único y definitivo, pues ya tenía sólo un valor histórico y no tenía sentido irlo variando. Quedó establecido entonces, en "¡Chile libre, canalla!", y así se ha conservado desde entonces, aunque sólo se la exige desde las 15:30 horas en adelante. De paso, festinando con la delicada situación internacional que se había vivido hasta el regreso de Pinochet a Chile, se pintó un nuevo mensaje en el pasillo de entrada: "Pin-8 come donde no hay garzón".

La carta del local fue reforzada con características nominales propias y distintivas. Así, por ejemplo, Painemal no vende el clásico trago "terremoto", sino el "maremoto", prácticamente el mismo a base de pipeño y helado de piña pero con algunos ingredientes especiales que lo hacen maravilloso, uno de los mejores de todo Chile (no confundir con los "maremotos" con menta que ofrecen locales como el "Wonder Bar" de Mapocho o "El Tropezón" de Estación Central).

El resto menú tomó algunas denominaciones como "Vitalicio", "Cesante" o "Amongelatina" que recuerdan evidentemente, a elementos del lenguaje que se usaba en aquellos años que vieron nacer y crecer a "El Rincón de los Canallas", o el que derivó indirectamente de aquel período. También están el trago "Mortal" y el "Francotirador", para comprender más o menos la idea general de este concepto.

Los ejemplos más conocidos de este argot canallesco para denominar la oferta, son:

  • "Vietnamita" (pernil, arrollado, longanizas, costillar, prietas, papas, arroz y ensalada).

  • "Terrorista" (pernil, arrollado, longanizas, costillar, ensalada).

  • "Guerrillero" (pernil, chuletas, longanizas, costillar, ensalada).

  • "Atentado" (pernil, costillar, papas, ensaladas, arroz).

  • "Barrabás" (lomo, costillar, longanizas, arroz, papas, ensalada).

  • "Puntapeuco" (porotos granados con costillar).

EL TRASLADO DEL BOLICHE

Sin embargo, al avanzar el siglo XXI, el comercio de calle San Diego comenzó a decaer notoria y gravemente, así como también aumentaba la emigración de los vecinos del barrio, que ya han tenido por efecto la demolición de varios edificios históricos de estas cuadras y la desaparición de boliches inolvidables, como "Los Braseros de Lucifer". La casona donde estaba "El Rincón de los Canallas" quedó desocupada, y el propietario no tuvo más remedio que venderla, comunicándole la terrible noticia a don Víctor, por ahí por el año 2008.

La infame nueva corrió como el fuego en el pasto seco entre todos los fieles "canallas" que conocían el lugar: "El Rincón de los Canallas" cerraba sus puertas. Se pensó seriamente, de hecho, en que el histórico negocio se acababa, en gran medida por el daño irreparable que causó sobre el comercio nocturno de estos barrios el nefasto reordenamiento de la locomoción colectiva que involucró en Transantiago.

Profundamente amargado, Painemal intentó obtener ayuda para mantener su local, pero los mismos políticos que habían escrito parte de su propia historia en las salas de "El Rincón de los Canallas", le dieron la espalda con indignante y grosera indiferencia. Sólo dos concejales de Santiago Centro, Leonardo Véliz Díaz e Ismael Calderón, le acompañaron en el cierre de puertas de junio de ese año. Hemos comentado algo de este triste acontecimiento que fue la ceremonia de despedida, al reproducir un artículo del diario "Publimetro".

Irónicamente, la maldición "canalla" cayó contra los desagradecidos y ingratos: menos de dos años después, esas fuerzas políticas que se habían formado en los recargados y polvorientos comedores del negocio que ahora cerraba sus puertas ante la total apatía de ellos, perdían las últimas elecciones presidenciales con un formidable golpe al orgullo y a la soberbia política.

Todo parecía indicar, así, que el bar-restaurante se perdía, cuando justo encontró casa nueva en julio, en la dirección de Tarapacá 810, casi en la esquina de San Francisco, a unas cuantas cuadras de su antigua sede.

Esta nueva sede de "El Rincón de los Canallas" es la misma donde funcionó por muchos años el restaurante "Convento Viejo", más conocido como "El Convento", y que a pesar del prestigio y la fama de sus excelentes parrilladas, también cayó herido de muerte por el alejamiento de la clientela desde estos barrios antiguos de Santiago, viéndose obligado a cerrar.

Local actual, en Tarapacá 810.

Salas de los comedores del primer piso.

Tarjetas de presentación dejadas por los clientes.

Cuadros de artistas y políticos, iconos de oposición al Régimen Militar.

Decoración de los comedores.

EL NUEVO RINCÓN CANALLA

La casona donde hoy está "El Rincón de los Canallas" es mucho más espaciosa y cómoda que su antiguo local, con dos coloridos pisos totalmente decorados con la misma ornamentación recargada y abundante que reinaba en San Diego. Aún se ven allí las innumerables referencias a la cultura y la política izquierdista, aunque con algo de eclecticismo: también hay fotografías de los cuatro ex presidentes de la Concertación. Pueden encontrarlo abierto hasta las 5:00 de la mañana, pero siempre es necesario reservar antes, si se tienen esos planes.

"El Rincón de los Canallas" actual, cuya propiedad está en manos de doña Mercedes, esposa de Painemal, conserva la costumbre de poner mensajes escritos en las paredes, supuestamente los mismos que, como hemos dicho, habían servido antes de "santo y seña", como: "Tay meao de perro", "El último paga la botella" o "Mañana es demasiado tarde". Allí, en la escala al segundo piso, reza un adagio: "No temas ir despacio. Sólo teme no avanzar".

Por supuesto, se conservan las miles de tarjetas de presentación dejadas por sus visitantes, e innumerables cuadros paisajistas, cerca de 500 donados por pintores o usados como moneda de cambio para una buena comilona, especialmente en sus inicios. Hay tantas banderas chilenas y emblemas patrios que los parroquianos se sienten en una fonda o chingana dieciochera. Y don Víctor sigue paseándose por el local, con sus gruesas gafas de vidrios oscuros y su delantal impecablemente blanco. Ya es una celebridad en su club. "¡Abríguese usted, papá!" le dice, cuando aparece, la dama sentada junto a la puerta de ingreso, que saluda a todos los asistentes llamándolos "canallas". Era que no.

A su carta de comidas típicas chilenas se han sumado excentricidades nuevas y muy cotizadas, como siempre respondiendo a los contextos de actualidad política o social: además del tradicional pisco sour el boliche canalla ofrece rarezas únicas como el "roto sour", el "milagroso", el "barrabasito", el "chúcaro", el "bihagra" y la pichanga canalla llamada "canastillo".

Ojala que por el bien de esta ciudad, a veces mustia en la conservación del patrimonio y el folklore urbano, "El Rincón de los Canallas" pueda celebrar muchos nuevos números redondos de existencia. Para saber algo más de él, mientras tanto, recomendamos visitar su página web: canallas.cl.

domingo, 25 de abril de 2010

RENÉ LEÓN ECHAÍZ: UN ICONO DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA URBANA

Una de las escasas imágenes que existen de don René León Echaíz.
A lo largo de este blog, hemos citado en reiteradas ocasiones a don René León Echaíz, uno de los más importantes investigadores de la historia urbana que han existido en nuestro país, pese a no haberse procurado jamás las credenciales académicas de historiador, tal cual ha sucedido también tantas veces con otros cronistas y estudiosos del tema. De hecho, nos hemos permitido reproducir textos completos tomados del trabajo de León Echaíz, como su descripción sobre el aspecto primitivo del río Mapocho y la creación de los Escudos de Armas de la ciudad de Santiago.
Como existe tan poca información sobre el autor en la internet, entonces, consideramos un acto de justicia ofrecer una pequeña semblanza sobre su vida en este blog, que tanto debe a su trabajo y a sus publicaciones, que son notoriamente la base de muchas investigaciones y estudios que actualmente se encuentran disponibles en la internet y en las bibliotecas.
Don René León Echaíz nació en Curicó, el 12 de enero de 1914, en el matrimonio compuesto por Benedicto León León y Adelaida Echaíz Amaral. Aunque hizo gran parte de su vida en nuestra ciudad de Santiago, veremos que siempre guardó cariño y vínculo con su natal Curicó. Estudió en liceo de esta última ciudad. Sus hermanos menores Rubén y Gabriel se dedicaron a la ingeniería, pero René manifestó vocación por las leyes, ingresando en su juventud a la Universidad de Chile, en la capital, titulándose muy joven, en 1934, con la tesis "La mujer ante el delito y el derecho penal". Ese mismo año, ingresó al Partido Liberal, del que fue militante la mayor parte de su vida. Se dedicó a ejercer su profesión en ambas ciudades, aunque su oficina central se encontraba en la calle Carmen de Curicó.
Pese a su brillo como abogado, León Echaíz sentía una inclinación natural hacia la investigación y al rastreo de documentos históricos. Su primera aproximación a estas arenas tiene lugar en 1939, cuando publica su magnífico trabajo "Evolución histórica de los partidos políticos chilenos", obra que fue republicada con actualizaciones en 1970:
"Es indudable que la verdadera naturaleza de los Partidos Políticos -escribe lúcidamente en la introducción de su segunda edición-, más que por la letra de sus programas, está determinada por los acontecimientos históricos que los han generado y por las necesidades sociológicas que les dieron la razón de existir".
En 1941, asumió la secretaría de la Asamblea del Partido Liberal en Curicó, siendo elegido Diputado ese mismo año, en representación de Curicó y Mataquito. Durante este período, fue miembro reemplazante en la Comisión Permanente de Constitución, Legislación y Justicia, y de la de Asistencia Médico-Social e Higiene. También integró la Comisión de Trabajo y Legislación Social y la Comisión Permanente de Industrias. Volvió a ser elegido en el cargo para el período 1945-1949, lapso en el cual formó parte de la Comisión Permanente de Constitución, Legislación y Justicia.
Su primera gran producción intelectual sobre historia urbana fue el excelente trabajo "Historia de Curicó", de 1951, que aborda los períodos de la colonia y la república en su terruño. La primera edición fue publicada por la Imprenta Universitaria, de Santiago. Sin embargo, la obra fue reeditada en dos tomos en 1968, por Editorial Neupert, también en Santiago, aunque bajo los auspicios de la Ilustre Municipalidad de Curicó. Constituye, hasta nuestros días, la obra de investigación histórica más completa e interesante que se ha escrito con relación a esta ciudad.
En 1953, publicó su "Interpretación histórica del huaso chileno", una de las obras más consultadas sobre el personaje típico nacional, símbolo de la vida rural. Al año siguiente, vio la luz otro ensayo titulado "Romancero de la zona central".
 
En 1955, siendo ya miembro de la Academia Chilena de la Historia, presentó su trabajo "Descubrimiento de un conchal prehistórico en Iloca", publicado en el Boletín del primer semestre de ese año. Había comenzado, con ello, su camino hacia la membresía de número de la Academia. Escribía allí, desafiando las opiniones de otros expertos:
"Así, hay quienes niegan la existencia de un pueblo paleolítico en Chile, sosteniendo que aquellos rudimentarios instrumentos de piedra que se le han atribuido, no revelan sino una etapa, la más atrasada, de los hombres neolíticos de los conchales. La influencia de los chinchas ha sido también desestimada por algunos investigadores. La esfera de acción de los hombres neolíticos de los conchales ha sido limitada por algunos a las caletas de la costa únicamente; y, en cambio, otros han creído ver sus vestigios en los valles del centro y hasta en la cordillera".
Como tenía este particular interés por el pasado del territorio, publicó en 1957 un nuevo trabajo titulado "Prehistoria del Chile Central", donde continúa con sus observaciones sobre la misteriosa cultura de los conchales y de las piedras horadadas.
No abandonó la política, sin embargo: en 1960, fue designado Intendente de Curicó, cargo que ocupó por tres años. En tanto, en 1962 ingresó también como Miembro Correspondiente de la Real Academia Española de la Historia. A esas alturas, había contraído matrimonio con doña Marta Manieu, con quien tuvo cuatro hijos llamados Gisela, Leticia, Marcela y René.
A continuación, realizará dos estudios sobre guerrilleros que, desde la actividad de rufianes, se convirtieron a la causa de la Independencia de Chile. Así aparecen sus trabajos "Francisco Villota: el guerrillero olvidado" y "El bandido Neira", de 1964 y 1965 respectivamente.
Incursionando en la antropología y la arqueología, sus otras dos matrices de investigación, al año siguiente publica "El costino chileno". También escribió una novela, titulada "Mientras corre el río", de 1967. En este período, abandonó su militancia en el Partido Liberal.
El 5 de julio de 1968, ingresa como Miembro de Número de la Academia Chilena de la Historia. Su discurso de incorporación fue "El paso de Freire por el Planchón". Por alguna razón, algunos documentos y referencias de internet dicen que su ingreso fue al año siguiente, pero la fecha se confirma en las publicaciones realizadas en el Boletín de la propia Academia. Allí, León Echaíz formó parte del mismo grupo de eminencias que incluía a Eugenio Pereira Salas y a Gabriel Guarda O.S.B., también asiduos investigadores de la historia urbana.
Algunos Libros de Renén León Echaíz.
En 1971, publicó su ensayo "El toqui Lautaro"; y en 1972, salió de prensas uno de sus trabajos más interesantes, consagrados al tipo de investigación que nos atrae: "Ñuñohue: historia de Ñuñoa, Providencia, Las Condes y La Reina", publicado por Editorial Francisco de Aguirre. Allí escribe de forma casi poética, en su introducción:
"Por todas partes, entrelazándose a los troncos, asomándose por en medio de la hierba o cubriendo por entero los espacios abiertos, una pequeña planta de talloso ramo ostenta sus flores de un hermoso amarillo orlado de escarlata. Los españoles inquieren y de entre los indios que los acompañan surge el nombre repetidamente: ¡Ñuño! ¡Ñuño!"
En vista de sus méritos, asumió la Presidencia de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía en 1974, tras haber integrado la Junta de Administración del organismo. Ese año publicaría "Diversiones y juegos típicos chilenos" y "Pensamiento de Alessandri", donde restaura la inspiración liberal que motivó su visión política.
La más importante de sus obras, a nuestro juicio, será su último trabajo publicado: "Historia de Santiago", de las imprentas Neupert, de 1975. Es un magnífico trabajo de dos tomos, que resume con maestría la historia de la capital de Chile, dividida en el período colonial y el republicano. La documentación que maneja León Echaíz para este estudio es notable, convirtiéndolo en una lectura obligatoria y una guía de investigación para cualquier interesado en la historia urbana de Santiago, pues llega a especificar detalles sobre nuestra ciudad que casi parecen recuerdos de un viajero en el tiempo, aunque de modo conciso y sintético, sin excesos narrativos, desplazándose a través de los siglos y del crecimiento de la metrópoli desde su centro histórico hacia el entorno. Como hemos dicho, ha sido un texto fundamental para nuestras publicaciones, en este blog.
Lamentablemente, René León Echaíz falleció prematuramente, el 21 de agosto de 1976, en su más prolífico y maduro momento como investigador histórico. Tenía 62 años y aún ocupaba el cargo de la Presidencia de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía.
El gran ensayista fue reconocido como Hijo Ilustre de Curicó y recibió la Insignia de Oro de su ex colegio, el Liceo de Curicó. Esta ciudad homenajea su memoria con dos calles que llevan su nombre. También existen dos establecimientos educacionales llamados René León Echaíz, precisamente en lugares de cuyo pasado escribió con tanta pasión científica: uno en Iloca y otro en Licantén, zonas tan castigadas por el último terremoto que sacudió al país.
Sólo Santiago parece haber sido poco generoso e ingrato en el deber de mantener el recuerdo y el reconocimiento a la obra de León Echaíz. La mano siniestra de la politiquería, nuevamente, parece haberse metido en la falta de memoria de la sociedad capitalina hacia su legado, pese a habernos dejado un registro de nuestra propia historia de incalculable valor para la intelectualidad y la investigación.

martes, 20 de abril de 2010

EL ELOGIO DE LOS LIBROS, BAJO ATAQUE DE LOS MEADOS

Coordenadas: 33°26'4.01"S 70°38'24.81"W
Pronto será el Día Mundial del Libro, herramienta maravillosa que ya tiene su homenaje propio en Recoleta, acá en Santiago de Chile. Fue el artista plástico nacional Benito Rojo quien asumió el proyecto artístico titulado "Elogio de los Libros" hacia el año 2006, por encargo de la Municipalidad y en el marco de un plan de hermoseamiento y recuperación histórica de esta bella comuna de Santiago, en los tiempos de la Alcaldía de don Gonzalo Cornejo. El artista escogió como evocación a varios libros específicos por su valor en la educación nacional, seleccionando once de ellos para el homenaje. La obra fue inaugurada en enero de 2007.
El monumento está hecho en módulos de metal y se ubica en la pequeña llamada Plaza Elogio de los Libros, precisamente, entre las calles Santa María y Bellavista, casi junto al puente de Purísima, en las riberas del Mapocho. Este sector de la comuna, por allí por el antiguo Club de Tenis, está en los límites de barrios famosos como Bellavista y Patronato, ex poblados de La Chimba.
Se trata de una torre formada por libros apilados en más de 10 metros de altura, distribuidos como lo estarían en el velador de un lector voraz. Cada uno lleva su título en el lomo. Aunque la comparación pueda molestar, le encuentro cierta semejanza al monumento alemán de "La Imprenta", para el Walk of Ideas de Berlín (año 2006).
Una placa en el suelo entrega la nómina de los once títulos que han sido incluidos en el grupo, no necesariamente de corte literario o lírico todos ellos, pero sí emparentados con la más importante fracción de la lectura nacional, como lo quiso Rojo:
  • "La Araucana" de Alonso de Ercilla.
  • "Código Civil" de Andrés Bello.
  • "Historia de Chile" de Francisco Encina.
  • "Martín Rivas" de Alberto Blest Gana.
  • "Hijo de Ladrón" de Manuel Rojas.
  • "El Socio" de Jenaro Prieto.
  • "La Amortajada" de María Luisa Bombal.
  • "Altazor" de Vicente Huidobro.
  • "Desolación" de Gabriela Mistral.
  • "Canto General" de Pablo Neruda.
  • "Coronación" de José Donoso.
La exposición a los elementos ambientales ha pintado de óxido rojizo todo el monumento, según lo deben haber previsto los creadores del montaje. Lo lamentable, sin embargo, es que algo peor ha atacado a la estructura por estos días: una peste de orines espantosa lo circunda por todos sus lados.
El Alcalde Cornejo quizás creyó -o quiso creer- esa plegaria de la Bellavista culta e intelectual, con miembros bohemios que pasarían mirando orgullosos y agradecidos la obra del señor edil. Con ingenuidad casi rayana en la inocencia de un muchacho enamorado, declaró alegremente sobre el flamante monumento entrevistado por un medio nacional el 7 de enero de 2007:
"Queremos convertirlo en un hito urbano, con gran visibilidad, iluminación y paisajismo especial y con arreglos al sector para que sea el símbolo representativo del barrio Bellavista, que es una mezcla de cultura y bohemia".
Pero hace rato que la cultura y la bohemia de Bellavista están pasadas a popó y a la acidez del vómito, por desgracia. La educación nacional aludida por Rojo también se ahogó en esos humores, hace rato...
Los "libros" de más abajo del conjunto y que sostienen a todo el monumento, han sido ocupados como baños por los impúdicos visitantes del barrio, al tener la forma precisa de biombos o separadores. Están orinados en masa, hasta el más asqueroso fermento, acumulando posas de hedores repulsivos en mi última visita al lugar... Lamentablemente, un aroma muy común y característico del barrio de tanta cultura y bohemia, según repite el dogma.
No será de extrañar que, a futuro, la Municipalidad deba tomarse la tarea de cerrar el área del conjunto y de la plaza con alguna reja, como sucedió del otro lado del río con el Monumento a los Héroes de Iquique, justamente por lo mismo, aunque en este caso por acción urinaria de los bohemios e intelectuales del Barrio Mapocho.
Espero que los representantes de la "mezcla de cultura y bohemia" de Bellavista miren los libros de lejitos no más, entonces. Si lo siguen meando de esa manera caballuna, con caldos de urea mezclada con el kerosene on the rocks del ron "de a luca", del aguarrás-sour o de los bidones de ponche funerario, quizás hasta derriben sus 10 toneladas de peso, pues se me figura que la corrosión del material metálico en las bases podría terminar derrumbando esta torre de libros tamaño Gulliver.
Chile es un país donde se castiga fuertemente a los pirateadores de libros, como sabemos. Las grandes editoriales están a un pelo de convencer a los políticos (evito deliberadamente llamarlos "autoridades", en general) de sancionar incluso las fotocopias o descargas PDF, ignorando de forma deliberada que las mismas leyes que protegen sus intereses comerciales están redactadas precisamente con la intención de garantizar el acceso de la población a los libros, cosa que, con los actuales precios, se hace cada vez más difícil. En un país al que le han subido los impuestos sobre el promedio de una vez al año en las últimas dos décadas, y en donde se insiste en mantener tozudamente el IVA sobre los libros sólo para complacer al ánimo mental de crisis de pobreza permanente del Estado, lo que le hemos hecho a los libros acá en Chile no es, ciertamente, muy distinto de lo que los enanos le han hecho al "Elogio de los Libros" de Benito Rojo, al usarlo de urinario abierto.
No cabe horrorizarse tanto, entonces: es parte de nuestra rusticidad crónica, en la "culta" e "intelectual" Bellavista o donde sea que haya atracción de masas... Y quizás, ya sin vuelta.

jueves, 15 de abril de 2010

LA PRIMERA CASA-CLUB DE LOS TECLADOS "YAMAHA"



Sector donde se ubicaba la casa central de la "Yamaha" en la Alameda, justo con su entrada por el local de color azul, que después fuera sede del INJ y, actualmente, centro religioso (frente a la Universidad Católica).

Coordenadas: 33°26'25.68"S 70°38'28.70"W

Hacia mediados de años ochentas, aún en la primera mitad de la década, estaba irrumpiendo incipientemente el fenómeno del "pop latino" y, por primera vez, el público joven chileno se convertía (o intentaba hacerlo) en protagonista de la música electrónica de manera más fácil y también menos exigente que ahora. Aunque para muchos el resultado fue francamente nefasto y sentó muy poco de cimientos de influencias para las futuras generaciones de verdaderos músicos nacionales, no dejó de ser un acontecimiento nuevo e irrepetible en la historia nacional... Irrepetible para fortuna para quienes nunca tomamos con fanatismo el dogma de que "si es chileno, es bueno" o "primero la música chilena, después la extranjera" y otras pavadas de moda en aquellos años. Creo que definitivamente no eran ciertos estos principios entonces, salvo por algún par de bandas.

Al aumentar el poder de compra con la recuperación post-recesión mundial y al expandirse las importaciones, el mercado chileno comenzó a contar con una gran cantidad de instrumentos musicales electrónicos que antes era posible conseguir sólo a pedidos. Los referentes extranjeros también comenzaron a ser conocidos: hablar de los inicios de "Los Prisioneros", por ejemplo, es hablar -y hoy sabemos- de evidentes inspiraciones con saborcillo a plagio de las bases de canciones de grupos internaciones como Gang of 4, The Cars o The Clash.

Fue así como algunos locales se convirtieron en centros de encuentros para músicos y aspirantes a tales, como la sucursal de la "Casa Amarilla" de calle Estado cerca de la Plaza de Armas, hoy desaparecida, o una tienda que existía en el edificio piramidal por el caracol de Providencia cerca de Los Leones, local también ya inexistente. En el fondo de la "Casa Royal", más cerca de la Universidad de Chile, había una sección especial de instrumentos donde uno también podía ubicar a las mismas caras que encontraba en la sección subterránea de la Feria del Disco, traginando discos de Vangelis, Jean Michel Jarré, Allan Parsons Project, Tomita, Jean-Christian Michel y las primeras notas que oímos alguna vez de Depeche Mode, U-96 o Krafwerk, la música de quienes podían presumir "que cachaban" más allá de las canciones de Soda Stereo dedicadas a las telarañas o el tarreo interminable de las baterías de GIT.

Ahí, en esos lares escondidos, podían reunirse músicos, pseudo-músicos y aspirantes a músicos. Los unía sólo la simpatía por lo que consideraban de mejor gusto que la cantaleta pop de moda.

Hacia 1985 (quizás antes), se instaló una de estas tiendas privilegiadas, exactamente frente a la casa central de la Universidad Católica en la Alameda Bernardo O'Higgins, entre las calles Lastarria y Victoria Subercaseaux, por la altura del 300. Era un enorme galpón que sirvió de casa central para la venta de productos de la compañía japonesa "Yamaha", constituyéndose naturalmente en un verdadero museo de la tecnología entonces de punta sobre sintetizadores y teclados en general. También había cajas de ritmos, baterías eléctricas, mesas de sonido y toda la fantasía aprendida a la fuerza de la reiteración y capacidad de observación por la generación que alcanzó a conocer programas como "Más Música" o "Magnetoscopio Musical".

Por consiguiente, el lugar se transformó casi en un centro de reuniones de músicos profesionales y amateurs, además de curiosos. Era común reunirse afuera, en sus puertas, luego de una pasada por sus equipos en exhibición y venta. Hablábamos incluso del "club" de visitantes de la tienda, pues casi siempre éramos los mismos, aunque desconozco si esto habrá influido en la creación del Club Yamaha que actualmente existe en relación a las importaciones de instrumentos musicales de esta compañía.

Pasé por este imponente local infinidad de veces. Había todo tipo de equipos, como he dicho, pero los teclados eran los principales. En ocasiones, partíamos dos o tres amigos sólo a mirar las novedades. Así de simple: sólo a mirar. Los vendedores nunca nos trataron mal por nuestro escaso comportamiento de compra y, por el contario, siempre se mostraron llanos a enseñarnos sobre esas maravillas, prendiéndolas de cuando en cuando y dejando teclear con la tosca capacidad de nuestros dedos no-músicos algún intento de melodía.

Allí conocimos la diferencia entre un órgano eléctrico y un sintetizador, por fin. Además, nos enseñaron de novedades increíbles, que parecían impensadas en esos años, como el sampler, ese teclado que grababa sonidos por un micrófono y los convertía en el de sus teclas, con escalas y todo. O la revolucionaria línea de sitentizadores DX, que por entonces parecía ser que durarían un siglo en vigencia y jamás quedarían fuera de la moda tecnologíca.

Yo no era músico ni tocaba algún instrumento en aquellos años, pero mi descubrimiento de artistas como Vangelis y Jean Michel Jarré en la temprana adolescencia, me provocó una pasión por conocer sobre los sintetizadores a toda costa. Ansiedad que sólo se vio satisfecha cuando mi tocayo de apellido Palma, también visitante del centro "Yamaha" y músico profesional, me regaló un elegante catálogo de los teclados "Roland" que acompañó mis ilusiones de músico por algunos años más, aún cuando me gustaba el rock pesado y estilos más agresivos. Hasta un chaleco con un teclado tejido por mi mamá en pecho, llegué a lucir en aquellos años.

El local llegó a tener tal importancia entre sus fans que aparecía mencionado en la publicidad o los espacios de programas de TV en el estilo del citado "Magnetoscopio Musical" de Rodolfo Roth, tras su característica cortina musical de entrada tomada de las pistas cósmicas del grupo británico Barclay James Harvest. Creo haber visto alguna alusión al negocio, además, en "Extra Jóvenes", tiempo después.

Dentro del galpón funcionaba, al fondo, un centro de asistencia y luego ampliaron también para instalar creo que una academia de música y que alcanzó buen renombre. Si mal no recuerdo, en esta escuela vi a un joven músico que después asumió los sintetizadores en la banda musical adolescente "Engrupo", hacia el final de su breve carrera de horrorosa música chillona y playera, por ahí por 1987. Lo percibí entonces como un hombre mayor que yo, en esos años rapaces; pero ahora su recuerdo me parecería más al de un rostro adolescente, que hasta casi podría ser mi hijo.

Los visitantes más adultos que se reunían en la "Yamaha", generalmente vestidos con esas pilchas ochenteras de chaquetas largas y camisas de cuello corto, intercambiaban algunas palabras y risas dentro del local para luego partir a alguno de los bares del entorno, seguramente a seguir hablando de música y de lo bien que creían tocar. Siempre que veían alguien conocido al interior, saltaba al aire un ruidoso diágolo "expontáneo" que casi sin variación era más o menos de esta estructura:

- ¡Hola poh, "Fulano"!
- ¡Hola, poh! -respondía el otro con cara de sorpresa, y a continuación, la pregunta tonta- ¿Y qué andai haciendo acá?
- Aquí ando, pasé con mi compadre "Zutano" (se saludan), viendo si llegaron los modelos "cacha de la espada Nº 666 y la concha del loro" que andamos buscando para incorporar este año...
-¿Siguen tocando? Ah que bueno, entonces vamos a tomarnos una pilsencita (cerveza chilena de los ochenta, plagiando la denominación de origen de Pilzen) y conversamos un rato pues...

Y partían juntos, así, a continuar celebrando ese encuentro que poco tenía de casual en ese sitio, pues, como he dicho, siempre eran los mismos que llegaban con más frecuencia y hasta en las mismas horas de la tarde... Y siempre tenían tiempo libre.

Los jazzistas y fusión eran los más fáciles de reconocer en esos años: por alguna razón, casi siempre guatones, con abrigos grises que les llegaban hasta el suelo y corte de pelo con caída larga, parecido al que usaba entonces el cantante Álvaro Scaramelli (hoy le dirían "a lo choco-panda"), o bien con una colita tímida, escondida tras el cuello durante las horas de trabajo. Algún gorrito de fieltro completaba el efecto. Eran los más sectarios por entonces, sin embargo: cuando uno intentaba convencerlos de que existían otras gemas brillantes además de Shadowfax, Chick Corea, Pat Metheny o Jean-Luc Ponty (los referentes más populares de esa música, por esos días), te quedaban mirando con cara de náufrago que ve irse un barco, y hasta les afloraba la molestia. Es que otras creaciones experimentales de la música como Mike Oldfield y su "Tubular Bells", Rick Wakeman, Kitaro e incluso Depeche Mode o Allan Parsons, no estaban entonces en sus registros mentales, pese a su tendencia a la altanería y a presumir de sus conocimientos vastos en la limitadísima era del cassette de 60 minutos, arrogancia que por fortuna, desapareció en generaciones posteriores de músicos.

Dos bandas históricas chilenas de culto en la colección disquera de los "teclistas" de esos años: "Aparato Raro" (arriba) y "Electrodomésticos" (abajo). Imágenes tomadas de la Enciclopedia del Rock Chileno (ElCarrete.cl). Escuchar a estos grupos era una especie de actitud disidente respecto del resto del movimiento pop chileno en los ochentas, algo muy común entre los que solíamos visitar la tienda Yamaha de la Alameda.

Barrio Lastarria-Bellas Artes no tenía tanto glamour ni bohemia como ahora, pero de todos modos era ya un refugio intelectual (intelectualoide, en otros casos) para muchos personajes como los descritos, donde todos los aspirantes a artistas podían comenzar su carrera hacia la posibilidad del reconocimiento, obviamente que sin garantías y con una inmensa mayoría que se quedaba sólo en las pretensiones del ego. La tienda y la academia, ubicadas al costado del barrio, fueron "naturalmente" parte de este ambiente, entonces.

Curiosamente, muchos de los que ahí se reunían eran extraordinariamente críticos del fenómeno musical del "rock latino" (en realidad, pop chileno), quizás por su condición de público con mayor cultura musical que el promedio de los auditores de la radios como la "Galaxia", gran difusora de estos estilos y que muchos apodaron despectivamente "Chulaxia". Lo extraño era, sin embargo, que si no hubiese sido por la misma irrupción de este sofocante movimiento musical en el populacho, quizás estos mismos centros de reunión formados en torno a tiendas de instrumentos eléctricos no habrían tenido lugar, y los locales sólo habrían sido eso: sitios de venta de guitarras acústicas y bongoes.

Nostalgias románticas a un lado, la feliz caída del grueso de este horroroso movimiento de pop chileno antes del final de la década, que dejó sólo a las buenas bandas en pie o al menos su recuerdo en la música de agrupaciones posteriores (las que "pasaron la prueba" ante la historia, musical, como Aparato Raro, Electrodomésticos y algunas pocas más) por desgracia se llevó también a este local, y toda esa cuadra de la Alameda sufrió numerosas modificaciones en los años siguientes.

Los músicos reales o pretendidos debieron cambiarse definitivamente a las galerías comerciales como las del hotel Crown Plaza, donde encontraron más instrumentos y tecnología de punta. Por ahí por las viejas dependencias del local, aparecieron casas de venta de vehículos, una sede del Instituto Nacional de la Juventud y hoy en día un centro religioso. También se construyó un gran edificio, en años más recientes.

De la querida "Yamaha" de Alameda frente a la Universidad Católica, no nos quedó ni una nota sonando en el ambiente.

sábado, 10 de abril de 2010

LA TRADICIÓN DE LAS SANTIGUADORAS EN LA CULTURA POPULAR



Ceremonia del "Machitún" mapuche, conducida por las magas machis, en ilustración de Claudio Gay. Las tradiciones cristianas e indígenas se mezclan en las creencias del santiguado en Chile.

El santiguado constituye una especie de exorcismo doméstico en la tradición popular chilena, recurrido en casos donde la enfermedad puede ser confundida con acosos sobrenaturales sobre el individuo. Quien haya sido santiguado por una experta en el oficio, sabe de las extrañas y reconfortantes sensaciones que se tienen durante el rito, como una especie de relajo nervioso y un hormigueo en el cuerpo realmente indescriptible.

No hay duda de que la tradición de las santiguadoras está en camino a su desaparición en Chile, a estas alturas, atrincherada sólo en algunas zonas rurales del país, o de la mano una que otra "meica" o "sacadora de empachos" de barrios pobres. Curiosamente, una sociedad que acoge secretamente a chamanismos exóticos y santerías tropicales (hay hasta políticos en las listas de clientes de conocidos brujos y pitonisas de Santiago) desconoce su propia tradición y arroja al tarro de lo ignorante al santiguado, como si sólo las supercherías más coloridas tuvieran algún valor.

Uno de los pocos trabajos de investigación que se han publicado en el país dedicados especialmente a esta antigua tradición es el ensayo titulado "Animitas, machis y santiguadoras en Chile", del sociólogo Cristián Parker Gumucio, de la Academia de Humanismo Cristiano, publicado en 1992. Aunque se trata de un libro excesivamente concentrado en metodologías de trabajo y procedimientos de investigación, arriba en una exposición interesante sobre la fe popular.

Sin embargo, uno puede reconstruir esta historia siguiéndole la huella en algunas crónicas y en trabajos posteriores de investigación sobre el folklore.

La santiguadora Doña María, en acción (fuente: lanacion.cl)

CARACTERÍSTICAS DE LAS SANTIGUADORAS

Las raíces de las santiguadoras están en una combinación de elementos del cristianismo con otros provenientes del paganismo europeo y del nativo americano, amalgamados durante la formación misma de la sociedad chilena. El padre Alonso de Ovalle, por ejemplo, cuenta en su "Histórica Relación del Reino de Chile" (1646) cómo algunos pudientes vecinos de Santiago hacían llamar a magos machis del Sur para que atendieran sus dolencias.

Santiguadoras y rezadoras hubo muchas en Santiago de Chile en antaño, cuando la línea entre la ciudad y el campo era más tenue que hoy. Suelen ser mujeres mayores, modestas y de vida retirada, con poco nivel educacional pero siempre rodeadas de un halo de prestigio y generosidad entre sus vecinos o amigos, lo que las hace abuelitas queridas. Sobrevivieron en algunas poblaciones populares de la capital hasta épocas recientes, cuando el envejecimiento y la muerte de las cultoras ha ido señalando el final de su dinastía. En general, es una actividad donde la espiritualidad y lo sobrenatural conviven a un paso del mundo más real y profano, generando instancias donde la verdad y lo imaginario se enredan en nudos peligrosos: empachos, males de ojo, corrientes de aire, espantos, etc.

Las santiguadoras solían formarse por tradición familiar, compartiendo sus secretos de manera generacional. Sin embargo, tal como sucede en la difusión de las disciplinas mágicas vinculadas al pueblo mapuche, los conocimientos no siempre eran totalmente revelados. La base cristiana de sus procedimientos, por ejemplo, se valía de oraciones bien conocidas en el culto popular, pero reestructuradas y retocadas con pequeños detalles o alteraciones que la santiguadora conocía y que le permitían presumir de ser tal. No existen sectas ni gremios, sin embargo, por lo que su actuar es particular, similar al de las "meicas", acomodadoras (componedoras) de huesos, yerbateras o "quebradoras de empachos", mezclándose su oferta con la de ellas muchas veces, convertidas prácticamente en curanderas múltiples.

Las santiguadoras que se dedicaban a esta actividad, sin embargo, solían no cobrar por sus servicios. A lo sumo, solicitan un pago voluntario o simbólico. Se creía que quienes lucraran con los conocimientos o poderes los perderían y harían inútiles los esfuerzos, convirtiendo todo rito de esta clase en un fracaso. Pero también se cree que el servicio debe ser pagado para que resulte, así que hay santiguadoras que si bien trabajan sin tarifas, reciben modestas monedas o regalos a modo de pago para el sólo hecho de cumplir con esta condición modal o protocolo.

El rito exige templanza y fortaleza por parte de quien lo practica. Durante todo este acto, según palabras de Vicuña Fuentes, sucedía lo siguiente con la santiguadora:

"...mientras opera y por causa de los maléficos fluidos le sobrevienen bostezos, se le desencaja el semblante lagrimean los ojos".

Me sorprende la precisión de estas observaciones. Es exactamente lo que sucedía con mi abuela Julia, que fue una avezada santiguadora según explicaré más abajo, cuando nos sometía a sus relajadores minutos de santiguado. Los bostezos y las lágrimas cayendo de los ojos eran, para ella, señal inequívoca de que uno "estaba asustado", y nos lo hacía notar al final de cada operación sanadora.

EL "MAL DE OJO"

Las santiguadoras parten de una suposición sencilla: la gente enferma o cae en estados de convalecencia por acción voluntaria o involuntaria de otros. Esta convicción está tomada, en parte, desde mitos indígenas y supersticiones populares. Cuando el "daño" ejercido es voluntario, se debe a la acción malévola de otros (los burdamente llamados "trabajos", actualmente), generalmente valiéndose de un brujo negro.

Según Benjamín Vicuña Mackenna, en "Los Médicos de Antaño en el Reino de Chile" (1877), mucho de este "daño" se manifestaba en la creencia de que los males eran provocados por "la pócima del mal en un cadejo de cabellos, en un alfiler, en una aguja enhebrada, en una sabandija cualquiera". Hechicería, en otras palabras. Esto, por supuesto, cuando el mal es deliberadamente producido.

Si la acción del "daño" es involuntaria, se debe al "mal de ojo", "fascinación" o "enyetamiento", provocado por la acción de un envidioso, también entendido como la comisión de un "daño" sin querer. O bien, puede suceder por una admiración manifiesta de gente con la sangre "gruesa", "pesada" o "fuerte" hacia un niño, especialmente si lo encuentran lindo y lo celebran, perjudicándolo sin intencionalidad. Incluso, los propios padres pueden provocarle un "ojeo" a sus hijos.

Aunque las leyendas del "mal de ojo" son muy creídas entre antiguas comunidades indígenas chilenas, desde donde pasaron a las tradiciones rurales, existen también con gran arraigo en países de Europa, curiosamente. Julio Vicuña Cifuentes escribe en sus "Mitos y leyendas recogidos de la tradición oral chilena" (1915), que el "mal de ojo" proviene de España, donde se le llamaba "aojar", tema que ha sido trabajado por Rafael Salillas en su libro "La Fascinación en España" (1905). De hecho, en España hay una nutrida tradición de santiguadoras.

El "ojeado" suele caer en estado febril, tan cansado que acaba en cama. Puede tener náuseas o vómitos inexplicables. Veremos que uno de los síntomas es la sequedad en un ojo y la hinchazón del párpado. El estado es potencialmente mortal si no se trata, según la supersitición.

Aunque las creencias sobre esta clase de calamidades sobrenaturales sobre el individuo ya tenían poco arraigo en las clases culturalmente más altas de la sociedad santiaguina del siglo XIX, Vicuña Mackenna comenta cómo penetraron estas tradiciones en las costumbres cotidianas, incluso en actos aún reconocibles, como expresar "¡Dios la guarde!" cuando se alaba la salud o el atractivo de una persona querida, precisamente porque así se evitaba el "daño" o el "ojeo".

Mi bisabuela Donatila y su hija, mi abuela Julia. Ambas fueron reconocidas entre sus familiares y conocidos como talentosas santiguadoras.

EL "ESPANTO"

Otra forma de padecimiento mágico sobre una persona es el "susto" o "espanto", no siempre asociado a la acción de terceros. Algunos, especialmente niños, pueden espantarse con escenas naturales (terremotos, tormentas de rayos) o siendo testigos de algo que no debieron ver, como alguna aparición fantasmal, alguna imagen demoníaca o, en un plano más terrenal, un asesinato o accidente fatal. Para todos los casos, el afectado queda presa de un estado de angustia que no le permite regresar a la tranquilidad.

Cuando no hay antecedente que permita explicar el estado de susto que posee al espantado, entonces se puede presumir que habrá sido por malignas influencias externas, ya sea de personas o de espíritus invisibles. Se manifiesta por un estado de terror, temblores, escuchar ruidos extraños y tener alucinaciones perturbadoras. Y es que el espíritu está inquieto: se ha salido o intenta salirse después del "espanto". De este concepto proviene el dicho de "devolver el alma al cuerpo" después de haber pasado un susto o una angustia grave.

Puede que el "espanto" también se manifieste a través de síntomas como fiebres o hinchazones extrañas, pero la santiguadora tiene un rezo especial para estos casos, levemente distinto del utilizado para el "mal de ojo" y, según algunas cultoras, sólo puede realizarse un día martes o viernes, a diferencia del que combate el "mal de ojo" y que no tiene un día específico de la semana para ser combatido.

No se debe confundir el "espanto" con el estado del paciente "espirituado", que significaba poseído por el Demonio u otro espíritu maligno, y donde las posibilidades del santiguado ya no alcanzan, debiendo recurrirse derechamente al exorcismo, para estos casos. En nuestros días, sin embargo, la jerga popular hace sinónimo al estar "espirituado" con sentirse perseguido o asustado.

VULNERABILIDAD DE LOS NIÑOS

Los niños constituyen, como se puede deducir, los principales afectados por el "mal de ojo". Son, por lo tanto, los principales pacientes de las santiguadoras. Se pueden ojear plantas, animales, personas adultas y hasta objetos inanimados frágiles o valiosos (cristales, joyas, cerámicas, etc.), pero por su condición de vulnerabilidad e indefensión, los infantes siempre están especialmente expuestos. Para ellos, el "ojeo" es casi siempre fatal, si no se lo trata a tiempo.

Aunque la leyenda dice que los niños bonitos son los únicos susceptibles de ser atacados por el "mal de ojo" a causa de los atractivos o envidias que despierten en otros, la verdad es que resulta común encontrar en las faldas de las santiguadoras de campos a niños que pueden resultarle bellos más bien sólo al amor incondicional y sin ojos de sus padres, según me parece. El "espanto", en cambio, es más democrático: ataca a lindos y a feos por igual.

Un niño "ojeado" manifiesta los síntomas extraños que evidencian la presencia del mal y que hemos descrito, pero con más gravedad: se les cae o se les hincha el párpado de alguno de sus ojos y la frente comienza a exudar salado en los bebés. Puede haber vómitos y fatigas inexplicables. Los más pequeños también manifestarán súbitas alzas de temperatura. Si la santiguadora no interviene, el riesgo es que el niño termine consumido por la fiebre (tras la cual sobreviene un brusco descenso y la muerte) o pierda el ojo afectado, que se reducirá en la cuenca hasta quedar inutilizado. En otros casos, el párpado seguirá inflamándose hasta reventar.

Hay formas de confirmar si un niño está "ojeado". Una de ellas es pasándoles por el cuerpo tres ramitas de hierbas: si éstas se secan al instante, no hay duda de que está enfermo. Según la información reunida por el estudio de Parker, si un puñado de azúcar arrojada a un brasero no daba su característico olor de caramelo quemado luego de haberla usado para persignar al niño, se estaba frente a otra señal inequívoca de que el pequeño sufre bajo los efectos del peligroso mal.

LA IGLESIA Y LAS SANTIGUADORAS

Vicuña Fuentes explica que hubo una especie de alianza entre los párrocos y las santiguadoras, en algún momento de la historia. Según su ya citado trabajo de 1915, antes se encargaba a los curas párrocos el poner los evangelios a los pacientes sospechosos de estar afectados por el "mal de ojo". Sin embargo, como la cantidad de enfermos y sospechosos de serlo crecía superando las capacidades de los sacerdotes, se autorizó a grupos de mujeres que decían tener talentos especiales de santiguadoras, para que extendieran sus ritos de curación sobre los fieles. Esto explicaría por qué razón no hay hombres que ejerzan la actividad.

Las santiguadoras operaban en base a los Evangelios de San Juan, patrono de las tradiciones esotéricas populares. Las relaciones con San Juan sobrevivieron largo tiempo: cuando el paciente era un niño, por ejemplo, se recomendaba envolverlo en la camisa de una mujer que se llamara Juana. Si era niña, la camisa debía ser de un hombre llamado Juan.

Según los datos recopilados por el mencionado autor, a las primeras santiguadoras se les permitía realizar los rezos de sanación cobrando por ello no más de un medio, equivalente a seis centavos y un cuarto. Desde allí en adelante, proliferó el ejercicio de esta arte, tanto entre santiguadoras autorizadas como otras clandestinas, al punto de que nadie podía distinguir ya las diferencias entre ellas. Esto condujo a la degeneración del oficio, que adquirió más características de superstición que de religiosidad, derivando en varios métodos o estilos según la forma en que se hacía y se ensañaba entre unas santiguadoras y otras.

Esta historia descrita por Vicuña Cifuentes me resulta familiar. Mi abuela materna, Julia, fue una experta santiguadora, como he dicho. También lo fueron su madre y algunas de sus hermanas. La forma en que la iniciación en estos ritos entró a su clan se debió a una tragedia: la hermana de mi abuela, Marta, perdió su hermoso hijo Rodolfo, que en la familia era llamado cariñosamente como Ruddy. Llevando una vida rural, a los dos años de vida su padre comenzó a vestirlo de huaso y le compró un caballo pony. Sucedió que un día, después de que el niño había ido a pasear en su caballito tras la salida de la misa, comenzó a sentirse mal y cayó en cama en estado de casi inconsciencia. El médico del pueblo no pudo descubrir la misteriosa enfermedad que aquejaba a Ruddy y que, entre otros síntomas, le había secado uno de sus pequeños ojitos claros. Cerca del final de su agonía, cuenta la tradición oral de esta familia que el pequeño se arrojaba al piso, con los brazos abiertos, pasando largo rato en el suelo en una acción inconsciente que fue interprtada entonces como que "estaba pidiendo tierra", rendido a la muerte. Después de algunos días, el niño falleció, ante la desazón de la familia.

Cuando fue el cura local a darle la extrema unción al niño y vio sus síntomas, notó de inmediato que estaba bajo los influjos del "mal de ojo", demasiado avanzado para revertirlo ya, según lo interpretó. Entonces, llamó a mi bisabuela Donatila, madre de mi abuela y de la infortunada tía Marta, para enseñarle el rezo de santiguado basado en los Credos y que veremos más abajo, para que así "nunca más lamentara la muerte de ningún nieto", según recuerda mi madre que, de seguro, escuchó esta historia innumerables veces más que yo. Fue así como estos conocimientos entraron en la familia, y mi bisabuela los enseñó entre sus hijas.

PROCEDIMIENTOS DE LAS SANTIGUADORAS

Existen varios manuales no escritos en los que se basaban las santiguadoras chilenas de antaño, con el objetivo de eliminar los "males de ojo" y los "espantos". Hay elementos comunes en todos ellos, pero también variaciones según las ramificaciones que tuvo tiempo de tomar la tradición en tantos siglos de culto, como sucede con todas las supersticiones y creencias populares.

En el caso de mi abuela, una vez que sacaba su pequeño crucifijo para santiguar, la pregunta que comenzaba el rito era siempre la misma: "¿De ojeo o de espanto?". Veremos que esto se debía a que las oraciones cambian dependiendo del mal que pretensa ser contrarrestado.

Según un artículo publicado por el diario "La Nación" del 13 de febrero de 2009, donde se entrevista a la santiguadora María Rey Salazar, ésta solía colocar también un hilo rojo en torno a las muñecas de los niños tratados y ejecutaba la oración con hojas de palqui. Así, pues, cada santiguadora introduce variaciones casi personales al rito, y por eso se abre en tantas ramas y opciones, aunque todas con un tronco común.

Uno de los procedimientos más característicos es hacer un rezo especial al niño, generalmente basado en los Credos. Con un rosario, una cruz o algún anillo de motivos religiosos (preferentemente de plata) la santiguadora hace la figura de la cruz en la cabeza y/o en otras partes del cuerpo del paciente mientras se ejecuta la oración. Lo común es que el rito se haga sólo entre el santiguador y el atendido, sin observadores ni más gente presente. A veces, la santiguadora sopla repetidamente al paciente, como intentando espantar los males que le aquejan. En otros casos, se precisa de la presencia de velas encendidas e imágenes de la Virgen María o de Cristo en la cruz.

El rito incluía hacerle beber al paciente tres sorbos de agua azucarada, a veces con toronjil, también en tres ramitas. Esta hierba es preferida para el caso de los "espantos" de los niños. Tres, además, es un número fuertemente ligado al cristianismo bíblico y también en sus raíces paganas: la Trinidad, los tres Reyes Magos, la triple negación de San Pedro, las tres cruces del monte, la resurrección de Cristo al tercer día, etc. La santiguadora también podía quemar tres terrones de azúcar, tres ajíes o tres ramas de romero en un sahumerio cuyos humores purificarán a la criatura "ojeada".

Cuando el "ojeo" es demasiado y los estragos provocados están más avanzados de lo esperable, es decir, "pasado", el rito debe repetirse durante tres viernes seguidos. Si no hay respuesta, será por nueve viernes. Vicuña Cifuentes agrega que si desde el momento de comenzar a manifestarse el "mal" sobre el paciente, éste no es atendido antes de tres viernes, estará perdido.

Famoso óleo de un exorcismo, de Francisco de Goya.

LA ORACIÓN DE LOS CREDOS

Existe una gran cantidad de rezos y oraciones especiales recurridas por las santiguadoras. Han sido estudiados por autores como Ramón A. Laval en su "Oraciones, ensalmos y conjuros" (1910) y Vicuña Cifuentes en su aquí antes citado libro. Generalmente, se ejercían sin declamación, bajito, casi en murmullo, como solían orar las abuelas, precisamente.

La oración que yo conozco mejor, sin embargo, es la practicada por mi abuela santiguadora durante mi infancia, correspondiente a cinco Credos seguidos persignando la cruz o el anillo para cada parte del cuerpo tratada: cabeza, palma de las manos, pecho y espalda (parecen coincidir con las partes del cuerpo donde fuera herido Jesús durante sus azotes y calvario). Sin embargo, presenta leves diferencias con el rezo original, según veremos.

El Credo tradicional, usado por muchas santiguadoras, se ora una o tres veces (según el rito) por cada parte del cuerpo que es tratada, en nombre de la Santísima Trinidad, y es el siguiente:

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra,
y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso,
desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos,
creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica,
la Comunión de los Santos, en el perdón de los pecados,
la Resurrección de la carne, y la vida perdurable. Amén.

El Credo que rezaba mi abuela, no obstante, era el siguiente, utilizado en la tradición de santiguadoras a la que ella y su madre habían pertenecido:

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra
y en Jesucristo, su único hijo,
que nació de Santa María Virgen, bajo el poder de Poncio Pilatos,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos
y al tercer día resucitó, subió a los cielos
y está sentado a la diestra del Padre Todopoderoso,
desde ahí va a venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en Dios padre todopoderoso,
en Jesucristo si único hijo,
en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica.
en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén

Se advierte que tienen sutiles diferencias. El Credo era acompañado, además, de un "cierre" o remate del rito que se decía al final de todas las oraciones, y que veremos a continuación.

FORMAS DE CERRAR EL RITO

Si la persona estaba siendo tratada por "mal de ojo", mi abuela remataba el santiguado tras los Credos, trazando las líneas de la cruz en la espalda del paciente con la palma de su mano, mientras recitaba en forma muy silenciosa tres veces, a la altura de la nuca:

Santa Bárbara doncella,
líbrame de esta centella,
como libraste a San Juan Ángel
del vientre de la ballena.

A continuación, decía los dos nombres del paciente, a la altura del cuello. Era la parte más relajante y agradable de todo el ritual, llegando a erizar los pelos. Si el atendido era tratado por "espanto", sin embargo, la frase que se repetía tres veces debía ser la siguiente:

Santa Ana parió a María,
Santa Isabel a San Juan,
Con estas tres palabras,
espíritu, ¡a tu lugar!

Tanto para "ojeo" o para "espanto", luego del remate de la oración, se hacía otra vez la cruz en forma de persignado y se debían beber tres sorbos de agua azucarada. Con ello, el santiguado había concluido.

En su "Folklore Religioso Chileno" (1966), Oreste Plath transcribe otros remates para la oración de tres Credos, distintos a los que conocí en mis santiguadas infantiles. Los Credos, de partida, se hacían de a tres pero sólo en el pecho y la espalda. La oración de cierre decía lo siguiente y debía ser repetida dos veces:

Dios nuestro Señor nos bendiga,
nos defienda y nos dé sus auxilios.
Tenga piedad y misericordia de nosotros
y nos dé sus auxilios,
y nos libre de todo peligro,
terremoto, ventarrón, empacho, ojo, etc.

Y a continuación, se decía tres veces la siguiente frase:

El Señor te bendiga y te guarde,
vuelva a ti señor tu sierva.

Otra forma de cerrar el rezo de los tres Credos es con la siguiente oración, que el mismo autor verifica usada en barrios populares de Santiago:

Yo te santiguo N. N.
Para espanto y cualquier otro quebranto.
Padre mío San Cipriano del Monte Mayor,
líbralo de peste y de ojo.
Santíguate niño en cruz
como la Virgen María
santiguó al Niño Jesús.

Existen también las llamadas Oraciones de Palabras Redobladas, un poco complejas y que, por estar más asociadas a contrarrestar maleficios y actos de brujerías, no nos corresponde abordar aquí.

REZOS ESPECIALES CONTRA EL "OJEO"

Dependiendo del procedimiento, las santiguadoras convocan la asistencia del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, de la Virgen María o de algún Santo en particular cuando se trata de situaciones más específicas que afecten al paciente, preferentemente San Juan, San Bartolomé o San Benito. Aunque los Credos pueden ser los más recurridos, existen algunas letanías y oraciones específicas dentro del repertorio de las santiguadoras. Una de ellas se pronuncia luego de cortar secretamente parte del cabello de la persona sospechosa de haber "ojeado" al niño, sin que lo advierta, rezando lo siguiente mientras se quema el mechón de pelo:

"En el nombre del Padre Eterno te vamos a rezar estos tres Credos, para que no seas más ojeado, ni la persona que te ojeó te vuelva a ojear".

Según Laval, el siguiente rezo es conjurado para el santiguado del "mal de ojo" utilizando las ramitas de romero:

Romero bendito
de Dios consagrado
que entre lo bueno
y salga lo malo.

Otro para santiguar "de ojo" era el siguiente, que conjura al propio Arcángel Gabriel:

Ángel mío San Gabriel
Príncipe de los ángeles,
de la Iglesia rey,
dueño de las Jerarquías,
luz mía,
amparadle noche y día
Dios conmigo, Dios con él,
Dios delante, y yo detrás de Él,
salga el mal y entre el bien,
como la Virgen entró
en la casa santa de Jerusalén.

Apelar directamente a la Virgen María es otro recurso útil, según esta oración de santiguadoras de campo:

Virgen María eres santa, eres pura,
Virgen María protege a este niño
en la noche y en el día.
Sácale el mal de ojo de a poquito
a este niño chiquito,
Virgen María, madre mía,
saca este mal de porquería
en el nombre de la santigua
Del hijo y del espíritu santo. Amen.

REZOS ESPECIALES CONTRA EL "ESPANTO"

Si el niño está con "espanto", en cambio, se convoca de vuelta a su alma llamándola por su nombre con la siguiente oración:

"Espíritu de Fulano, vuélvete a tu centro y a tu lugar, donde Dios te creó".

Existen otras oraciones que sirven simultáneamente tanto para el parto como para el santiguado, recomendadas en la situación de un nacimiento para bendecir y también para prevenir de posibles males. El rezo de San Bartolomé, también rescatado por Laval, es uno de los más recurridos para las casas donde habiten niños recién nacidos o de muy poco tiempo de vida. Además de garantizar un buen parto, permitía proteger a la criatura neonata de la amenaza del "espanto":

San Bartolomé se levantó
pies y manos se lavó
y a Jesucristo encontró.
- ¿A dónde vas, Bartolomé?
- Señor, contigo me iré.
- Volveré, Bartolomé
a tu casa, a tu mesón
te tengo de dar un don
que no mereció varón.
En la casa donde asistas
no caerá piedra ni rayo,
ni morirá mujer de parto,
ni criatura de espanto.

Oreste Plath transcribe la siguiente oración de San Antonio que tiene más o menos las mismas características que la anterior:

San Antonio de Abad, que a la edad de 7 años
a la Virgen serviste,
por el hábito que vestiste,
por el cordón que ceñiste,
por las 3 voces que diste.
San Antonio, San Antonio, San Antonio,
padre mío, San Antonio,
concédeme esta merced
hácelo
(sic) por amor de Dios,
por lo presente y lo ausente,
por lo perdido y aparecido,
por lo posible e imposible,
que no haga cosa ninguna,
para que esta señora se mejore. Así sea.

Plath presenta una versión más corta de este mismo rezo, según constató entrevistando a santiguadoras del sector de Renca, y que se pronunciaba después de los tres rezos hechos con hojas de naranjo, que veremos a continuación.

Un santero, según M. A. Caro, publicado por Recaredo S. Tornero.

REZOS ESPECIALES PARA AMBOS MALES

Plath presenta otro rezo corto como uno de los más recurridos por santiguadoras y "meicas", tanto para el "mal de ojo" como para el "espanto". Se debía hacer tres veces seguidas mientras se persignaba al paciente con una cruz hecha con dos hojitas de naranjo. La oración era la siguiente:

El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te demuestre su divina cara,
vuelva el Señor su rostro hacia ti
y te conceda la paz.
El señor bendiga a ésta su divina sierva.

Una oración que también serviría para santiguar "de ojo" y "de espanto" se debía repetir nueve veces en el pecho y en la espalda del paciente, con una cruz. Decía los siguiente:

Yo te santiguo N. N.
en el nombre del Padre,
del Hijo,
del Espíritu Santo.
Dios te libre de enfermedad,
de Ojo y de Espanto.

Otra reproducida por Plath y que también requería un crucifijo para la acción, es la que sigue:

En el nombre de Dios,
de la Santísima Virgen,
y del Astro Celestial Divino.
Salga el Mal
entre el Bien,
como entró Jesús
a Jerusalén.
En el nombre de Dios,
y de la Santísima Virgen,
te santiguo N. N.
Que todo espíritu malo
se ha de retirar.

Según constató también en Renca, este rezo era seguido de los tres Credos, más otras tres Avemarías, y se realizaba en la espalda, cabeza y pecho del niño o paciente. Otro procedimiento más complicado reportado por el autor es el de una oración relativamente extensa, que debía rezarse seguida de tres Credos y de un Señor Mío Jesucristo, haciendo la señal de la cruz sobre el paciente con los dedos pulgar e índice dispuestos como el símbolo. Dicha oración tenía dos partes. La primera de ellas dice:

El Señor pasó antes que el gallo cantara
con una cruz en los hombros, un madero muy pesado
que Jesucristo dejaba.
Caminó la Virgen pura y San Juan la acompañaba,
levanta, Señor a Ti, que en el Monte del Calvario
siete puñaladas dieron.
Se la dan por buen empleado.
Levanta Señor,
que éstas son las siete llagas
que las vimos traspasarlas,
por las chicas, por las grandes.

La segunda parte o continuación, es como sigue:

¿Qué señora será aquella que pasó la cordillera,
será la Virgen María, o San Juan de Magdalena?
A los pies de Magdalena, estaba el Niño Jesús,
vestido de azul y blanco, para clavarlo en la cruz.
Para que Dios me favorezca, y el Dulcísimo Jesús.

Taxi del Blog... (pa'onde lo llevo'eñor???)

Loading

Residentes de Facebook

Urba-Google+ Badge