lunes, 15 de febrero de 2010

LOS CERRILLOS: HISTORIA DE UN AEROPUERTO Y DE UN INFELIZ DESPOJO (PARTE I)

Vista del edificio del aeropuerto, las salas de pasajeros y su restaurante (1948).
Coordenadas: 33°29'41.81"S 70°42'15.44"W
El siguiente artículo está basado en un estudio que ayudé a redactar en su mayor parte, hace algunos años, para ser presentado durante las campañas que se realizaron intentando salvar al Aeropuerto de los Cerrillos de la inminente destrucción de la que fue objeto, finalmente, a causa de monstruosos intereses empresariales detrás del proyecto inmobiliario Ciudad Parque Bicentenario.
El Aeropuerto de los Cerrillos, denominado impropiamente Aeródromo por haber conservado su antiguo nombre, estaba ubicado en un gran terreno de forma triangular, entre las avenidas Pedro Aguirre Cerda, Departamental, General Velásquez y la Autopista Central, ocupando unas 250 hectáreas en la comuna de Los Cerrillos.
Tuve ocasión de conocer buena parte de este enorme recinto en 1999, mientras trabajé como diseñador y artista digital para el productor Pato Aguilar, quien arrendaba uno de los espaciosos hangares situados hacia el lado del Museo Aeronáutico, para poder armar allí las enormes estructuras escenográficas que solía producir en sus proyectos cinematográficos. De hecho, allí se grabaron en alguna oportunidad escenas de un video del grupo musicar argentino "Los Pericos". Y quienes trabajamos allá al interior de Los Cerrillos, solíamos desplazarnos en nuestros vehículos dentro del mismo para poder ir al casino o a sus locales comerciales interiores. Así de grande y espacioso era, y partes antiguas de sus estructuras habilitadas al personal y al público se fusionaban con nuevas etapas de remodelaciones y ampliaciones en curiosos calces.
También recuerdo las tardes en que el grupo acrobático "Halcones" de la FACh, realizaba audaces piruetas de vértigo, dibujando estrellas o corazones con chorros de vapor de sus aviones Extra 300, a veces maniobrando a lo que parecían ser sólo unos metros de los ventanales del segundo piso del hangar, desde los cuales podía observarlos, teñidos del color de las horas del crepúsculo.
Fue una lástima que el Bicentenario Nacional sirviera de excusa para esta infame saqueo del patrimonio de la aviación civil de Chile y de la única alternativa real en Santiago para el Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez de Pudahuel, sobre todo considerando que no había ninguna urgencia real de llevar adelante este proyecto, ya que el famoso parque no tuvo el éxito que se esperaba entre las empresas que se suponía serían interesadas, no pudiendo quedar concretado ni remotamente en el segundo centenario de la Independencia de Chile, como debía ocurrir.
ORÍGENES DEL AEROPUERTO
En 1928, el filántropo norteamericano Daniel Güggenheim donó a Chile cerca de 500 mil dólares de la época, con la estricta condición de que fuesen utilizados en el fomento de la aviación civil nacional, que por aquellos años estaba iniciándose en el país y pasando exitosamente la prueba con pioneros como César Copetta, Luis Sánchez Bessa y Dagoberto Godoy. El magnate era un amante de la aviación y de las tecnologías de vuelo, y de ahí su interés en fomentarla.
La nota bancaria del generoso Güggenheim decía expresamente:
"He depositado hoy día en Nacional City Bank New York quinientos mil dólares oro americano por cuenta de Su Excelencia Carlos Ibáñez del Campo, Presidente de la República de Chile, cuyo depósito ha sido hecho para llevar a la práctica el plan que el Presidente adopte con fines educacionales en la ciencia aeronáutica. Sírvase notificar al Presidente al respecto."
(Firmado) "Daniel Güggenheim"
Coincidentemente, por entonces el piloto militar Arturo Merino Benítez había propuesto la unificación de las ramas aéreas del Ejército y la Armada en una sola fuerza, por lo que se hacía urgente la creación de un "Puerto Aéreo". Egresando de la Escuela Militar en 1908, este ilustre hombre de armas también había llegado a desempeñarse directamente en asuntos de la diplomacia chilena y, en los años veintes, ocupó cargos destacados en la dirección de las ramas aéreas de las Fuerzas Armadas.
Por su propia iniciativa y venciendo la falta de recursos, Merino Benítez fundó hacia 1928 el Club Aéreo de Chile, heredero del Aeroclub de don Enrique Phillips, que había debutado en 1913, y hoy convertido en la Federación Aérea de Chile, a quien pertenecería como patrimonio el aeropuerto que se construiría.
El compromiso entre el Estado de Chile y Güggenheim sobre el destino de sus aportes a la aviación chilena se reafirmó en el Acta del primer Directorio del Club Aéreo de Chile, discutiendo sobre el centro social del club asentado en el proyectado aeropuerto de los terrenos comprados en Los Cerrillos, donde se establece:
"Invertidos en su adquisición parte de los fondos de la donación Güggenheim se sugirió a S. E. el Presidente de la República, la posibilidad de establecer ahí el "Club Aéreo de Chile", ya que sus finalidades concuerdan con la intención que tuvo en vista el donante al dedicar la suma donada al fomento de la aeronavegación civil y comercial".
Daniel Güggenheim, quien pagó y donó el aeropuerto a Chile.
LA FUNDACIÓN DE LOS CERRILLOS
Cuando el Estado chileno recibió la abultada donación del filántropo norteamericano, comprometió su palabra y su honor en la utilización del fondo sólo para las exigencias formuladas y de modo definitivo e inmodificable en apoyo del Club Aéreo de Chile, particularmente a la construcción del aeropuerto. La escritura de compraventa de los terrenos, suscrita en el año 1929, lo dice textualmente:
"...don Manuel Véliz Rodríguez, en representación del Supremo Gobierno, (...) acepta para el Fisco, en los términos relacionados, la propiedad materia de esta compra que se destina a la construcción de un aéreo-puerto público".
Así, se destinó el dinero de Güggenheim a la adquisición de los terrenos de la Hacienda Los Cerrillos, al Sur-Poniente de la capital, propiedad de Alfredo Riesco y destinada hasta entonces a la producción de pasturas, cereales y alfalfa, además de una lechería y una viña vitivinícola propia. A pesar de las lomas que dieron su nombre, era un terreno con partes llanas y baldías, ideal para instalar una pista. El proyecto también incluía el levantamiento de un edificio para la base.
El título de Cerrillos provenía del que recibiera esta parte del valle de Santiago en tiempos coloniales: los Cerrillos de Apochame, más tarde llamados Cerrillos de Lo Espejo.
De acuerdo a la información consultada en el mismo sitio, la inauguración de las obras tiene lugar el 16 de mayo de 1929, con el trazado de la antigua pista del aeródromo, todavía en su estado primitivo y faltando muchísimo para que comenzara a adquirir el aspecto que se le conocería después, aun cuando otras fuentes reportan fechas distintas para la inauguración. El edificio se levantó también pero, sin embargo, fue el 30 de julio de 1934 cuando la nueva rama militar aérea de Chile inauguraba por fin su "Puerto Aéreo" como tal en los Cerrillos, siempre cumpliendo expresamente con la exigencia de Güggenheim de que fueran utilizados para el fomento de la aviación civil, pues sería la base de la aviación comercial y la sede del Club Aéreo de Chile.
Cabe indicar que el Presidente Ibáñez del Campo, que ya no estaba en el Gobierno desde la crisis de 1931, había iniciado un plan para instalar aeropuertos funcionales al tipo de aviones comerciales de la época, contexto en el que se puso en funcionamiento a Los Cerrillos. Así, rápidamente la aviación civil chilena, después de la mano de su homóloga en las Fuerzas Armadas, concentró una creciente actividad en el flamante primer "Puerto Aéreo", revolucionando las comunicaciones y transportes chilenos de la época. Se realizarían tanto vuelos individuales como comerciales de distintos tamaños.
Estampilla de 1931 celebrando las actividades del Flamante "Puerto Aéreo".
Vista de uno de antiguos hangares del complejo.
LA FUNDACIÓN DE LAN Y LA FACH
Merino Benítez había sido el primero en recorrer por aire los difíciles y poco explorados parajes de Magallanes, estableciendo las rutas comerciales pioneras de la aviación chilena por éste y otros territorios nacionales. También creó la Línea Aeropostal Santiago-Arica, uniendo en un paso importantísimo la comunicación del extremo Norte con la capital. Fue primero en llegar por aire a San Pedro de Atacama, además.
La empresa aeropostal por él fundada pasaría poco después a ser Línea Aérea Nacional, LAN Chile, empezando a llegar hasta Puerto Montt y Aysén, con lo que se consagraba la aviación comercial chilena. Es la misma empresa LAN que, lamentablemente, fue privatizada tras los años de la Recesión Mundial y hacia fines del Régimen Militar, quedando en manos particulares hasta nuestros días.
La necesidad de implementar en los alrededores de Santiago un aeropuerto civil especial para las necesidades de la aviación comercial, que pudo ser satisfecha sólo cuando Güggenheim había realizado su generosa donación, quedó manifiesta en el uso que LAN dio en sus primeros años de existencia en este aeródromo, que fuera su base principal de operaciones hasta la construcción del Aeropuerto de Pudahuel.
En tanto, en el extremo sur de Chile, Merino Benítez intentó levantar más bases para LAN buscando cubrir eficientemente la línea de conectividad del servicio por todo el país. Pero sus planes se vieron interrumpidos por un trágico accidente ocurrido en 1930, que se llevó la vida de tres de sus hombres: el Capitán Alberto Fuentes, el fotógrafo Alfredo Moreno y el telegrafista Luis Soto.
El Presidente Carlos Ibáñez del Campo, en homenaje a los esfuerzos de Merino Benítez y estos mártires de la aviación, ordenó la unificación de todas las ramas militares aéreas el 21 de marzo de 1930, fundando con ello la Fuerza Aérea de Chile, FACh, que sería acogida en el mismo Aeropuerto de Los Cerrillos, como dijimos más arriba.
El Comodoro Merino Benítez fue puesto en la dirección de la misma y Chile pasaba a ser así el cuarto país del mundo en fundar una fuerza aérea independiente de las demás ramas militares, junto a Inglaterra, Francia e Italia.
Comodoro Merino Benítez junto a uno de sus aviones.
IMPORTANCIA DEL AEROPUERTO EN EL SIGLO XX
Ligado prácticamente al origen mismo de la aviación chilena, entonces, el Aeródromo de los Cerrillos estaba en manos de la administración del Estado a través de la FACh pero siempre con la cláusula condicionante o carga modal exigida por Güggenheim, desde el momento en que fue adquirido con dineros cuyo destino se precisaba usados en el fomento de la aviación civil nacional, representada por el Club Aéreo de Chile.
Lamentablemente, los primeros años de funcionamiento del aeródromo tuvieron una trágica mácula el domingo 27 de octubre de 1940, cuando capotó la nave del pionero de la aviación nacional César Copetta, un antiguo Morane Parasol, cayendo por el sector del acceso principal de la base aérea. Falleció en la Posta 3 de la Asistencia Pública, siendo sepultado en el mausoleo de la Sociedad Francesa del Cementerio General. Por mucho tiempo, existió un monumento a su memoria en el lugar donde perdió la vida, pero después desapareció misteriosamente.
En los años cincuentas, Los Cerrillos estaba absorbido por el crecimiento de la metrópoli a su alrededor y resultó imposible alargar su pista de aterrizaje. La comuna que actualmente lleva el mismo nombre, creció también alrededor de su actividad, precisamente, conservando un fuerte carácter industrial que aún se mantiene y convirtiéndose en un área residencial suburbana de Santiago con baja densidad poblacional.
Esta característica industrial fue utilizada maliciosamente, después, para exponerla como una razón para denunciar la "subutilización" de los terrenos comunales por la presencia del aeropuerto, entre los enemigos del mismo. La verdad es que dicho carácter e identidad municipal están tan definidos que, de hecho, el Escudo de Armas de Los Cerrillos muestra a un avión y a los techados de características industrias como algo propio y consumado, lejos de un problema urbanístico local o de algún sentimiento de "subutilización" de sus suelos.
En 1957, en la fachada del edificio principal y a ambos lados de los accesos, los artistas chilenos Samuel Román Rolas y su hijo Héctor Román Latorre, crearon una hermosa obra llamada "Mural de los Cóndores", basada en la técnica de mosaico y cerámica. Era todo un símbolo dentro del aeropuerto y que, afortunadamente, aún se conserva en buen estado. Se supone que el actual proyecto Ciudad Parque Bicentenario mantendrá este edificio y sus obras murales, convirtiéndolo en dependencias de un Centro Cultural.
La necesidad de la creciente aviación comercial en Chile llevó a proyectar un nuevo y mayor aeropuerto, iniciándose en 1961 la construcción del Aeropuerto Pudahuel, posteriormente llamado Comodoro Arturo Merino Benítez. Luego de la inauguración oficial de la nueva base, el 9 de febrero de 1967, Los Cerrillos pasó a convertirse en un aeródromo secundario pero no por ello sin utilidad para la capital chilena, manteniendo este servicio vital para la ciudad por todo el resto del siglo XX, como veremos. En 1960, fue el lugar donde aterrizó el Presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, durante su visita al país en marzo. Cuatro años después, hará lo propio allí el Presidente de Francia, General Charles de Gaulle.
En 1985, además, se reforzó su pista de aterrizaje de 2.200 metros de largo por 45 de ancho. A partir de 1992, se trasladaron las exposiciones de la FIDAE desde la Base Aérea el Bosque hasta sus dependencias. Su importancia era, por lo tanto, demostradamente ascendente y en coordinación lógica con el progreso de la ciudad, y si se encontraba bajo sus niveles potenciales de utilidad y capacidades al momento de la destrucción, como se declaró majaderamente por excusa entonces, era por la larga falta de implementación y de modernización que se venía arrastrando desde hacía cerca de dos décadas, y no por limitaciones intrínsecas de este recinto que, con una buena intervención y actualización técnica -especialmente en infraestructura de servicio y equipos-, podría haber estado con facilidad a nivel de vanguardia.

Fragmento de la parte principal del "Mural de los Cóndores", magnífica obra de Samuel Román Rojas y su hijo Héctor Román Latorre, por cuya importancia contrastada con el escaso conocimiento de la misma, dedicaremos a futuro una entrada propia de texto.
VIGENCIA Y UTILIDAD EN PLENO SIGLO XXI
La posición de quienes defendían la existencia de Los Cerrillos como aeropuerto de reserva hasta la misma noche en que fue pasado a manos del Servicio de la Vivienda y Urbanismo y comenzó así el retiro de las naves e instalaciones, ha quedado demostrada en varias ocasiones importantes durante los mismos años del debate sobre su utilidad, en la actual centuria.
Una oportunidad se dio a la vista cuando tuvo lugar un incendio en una de las pistas del Aeropuerto de Pudahuel, durante el año 2003, y se debió recurrir precisamente al servicio del Aeropuerto de los Cerrillos para asistir los vuelos que no pudieron hacer empleo de la pista siniestrada. Esto confirmó la necesidad de contar con él como base de emergencia.
Otra ocasión fue durante las reuniones del foro APEC 2004 en Santiago, cuando con poco más de 50 aviones (los oficiales, más otros de empresarios privados) la capacidad del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez fue ampliamente superada, debiendo recurrirse nuevamente al servicio de Los Cerrillos. Ese mismo año, por coincidencia, se realizó la última versión de la FIDAE en sus dependencias, emigrando ahora a Pudahuel.
Por supuesto que la polémica segunda pista del Aeropuerto de Pudahuel aún no era construida entonces, pero conviene señalar que la cantidad de naves aéreas arribadas durante la reunión APEC constituyó bastante poco para la magnitud y las características de un encuentro cumbre como éste, por lo que puede presumirse que el sistema aeroportuario chileno, después del cierre de Los Cerrillos y ligado ahora a sólo una base en la capital, no está al nivel de la apertura al mundo ni de la clase de encuentros que pretenden desarrollarse en Chile cuando sea sede internacional de los mismos.
Hasta ya anunciado el cierre del aeropuerto, Los Cerrillos seguía haciendo historia en los libros de la aviación chilena, por cierto: el 9 de marzo de 2004, por ejemplo, despegaba desde el grupo 9 de la FACh en Los Cerrillos, el bimotor Bonanza F33 de 1981, piloteado por las aviadoras chilenas Madeleine Dupont y María Eliana Christen, quienes serían las primeras mujeres en sobrevolar el Océano Atlántico en este tipo de avión.
Publicidad del Bar-Restaurante Los Cerrillos, en 1958.
LOS SERVICIOS QUE PRESTABA EL RECINTO
Prueba del valor del aeropuerto fueron la gran cantidad de servicios de aviación civil que funcionaron en él hasta sus últimos días. Miles de operaciones anuales se realizaban en él, de hecho.
Algunos de sus servicios civiles principales fueron los siguientes:
  • El servicio regular de vuelo comercial hasta el archipiélago de Juan Fernández ("Lassa" y "Robinson Crusoe").
  • El servicio regular de vuelos particulares de pequeña envergadura hasta territorio patagónico chileno y hacia Magallanes, ahora dependientes de las salidas desde el Tepual en Puerto Montt o desde territorio argentino.
  • Dos de las más importantes escuelas de vuelo nacionales.
  • Cuatro clubes aéreos que se encontraban sin posibilidad de hallar otra sede dentro de la ciudad.
  • Una empresa de aviones fumigadores vital para la actividad agrícola en la región metropolitana y provincias vecinas.
  • El servicio mismo de las actividades de fumigación por parte de pilotos particulares que salían desde esta pista.
  • Dos talleres-maestranzas, incluyendo la que atendía a los aviones extintores de incendios forestales que existen en Chile.
  • El único surtidor de combustible para naves aéreas en esta zona de la capital chilena.
  • Los más grandes, espaciosos y modernos hangares disponibles para la aviación civil en todo el país, usados también como arriendos como bodegas u otros servicios.
  • La disponibilidad del aeropuerto mismo a las 77 mil operaciones que allí se realizaban al año. La mayoría de ellas no eran vuelos recreativos o deportivos, como se pretendió afirmar de manera peyorativa, sino para labores importantes como aerofotometría, rescates, fumigaciones, etc.
  • Servicio como oficina zonal de aeronavegabilidad para control, supervisión y fiscalización de la SDI para las Regiones de Valparaíso, del Libertador Bernardo O'Higgins, del Maule y parte de la Metropolitana.
Y las áreas de estratégicas de defensa y los organismos castrenses que operaron en Los Cerrillos hasta su cierre definitivo, fueron:
  • La Brigada Aeropolicial de Investigaciones de Chile.
  • La Brigada Aérea de Ejército de Chile.
  • El Comando Logístico de la FACh.
  • El Servicio Aerofotogramétrico de la FACh.
  • El Grupo Nº 9 de la FACh.
  • Una sede permanente para la Feria Internacional del Aire y del Espacio, FIDAE, la más importante del continente en su género.
  • Una sede y un lugar de entrenamiento para el equipo acrobático "Halcones" de la FACh.
  • Servicio eventual como aeropuerto alternativo en caso de emergencia o crisis de seguridad nacional.
Un servicio adicional de las instalaciones del aeropuerto, ya en su la parte más romántica de su historia, era su Bar-Restaurante Los Cerrillos, que operó en el edificio principal administrado por los mismos dueños del Gran Hotel Capri y luego por los del Hotel Carrera. Se conservó hasta un tiempo antes del cierre y que llegó a tener cierto atractivo en el barrio, funcionando inicialmente como casino del recinto. Tenía variedad, precios convenientes y una muy buena cocina de platos caseros sin grandes sofisticaciones.
(Continúa en la siguiente entrada).

1 comentario:

  1. Buena semblanza de Los Cerrillos. Desde ahí en los ochenta realicé como pasajero mi primer vuelo en una avioneta de Investigaciones de Chile, que realizaba "vuelos populares" sobre Santiago para funcionarios y sus familias.

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