viernes, 15 de agosto de 2008

EL “EMPORIO LA ROSA”: EL LUGAR DONDE SE TOMA HELADO DE FLORES


Coordenadas: 33°26'13.04"S 70°38'26.37"W

Una de nuestras mejores características nacionales es la de consumir helados en invierno, incluso en los días de lluvia. Es un distintivo del consumidor chileno que no deja de sorprender a publicistas y mercadotécnicos extranjeros. Ayer hice lo propio, por ahí por el Barrio Lastarria pese a no ser un visitante regular de sus locales, pues su ambiente de intelectualidad cliché ciertamente no es el de un atorrante como el que escribe.

Tuvo algo especial mi última experiencia con el helado de invierno, sin embargo: conocí simultáneamente el local “Emporio La Rosa”, del que tanto me habían hablado, y probé uno de sus helados de sabores más curiosos: crema de rosas (pétalos, supongo).

Y si al cliente no le gusta chupar helado de rosas, puede elegir sabores aún menos formales, como miel de ulmo, castaño, naranja jengibre, té verde o frutilla a la pimienta, entre varios más. Los tamaños de los conos son los tradicionales: simple, doble y triple.

El “Emporio de la Rosa” es un sitio más bien pequeño, con aspecto de almacén o bar clásico, que queda justo en la punta de diamante que abre las calles de Merced y Monjitas (la dirección exacta es Merced 291, casi al frente de la Embajada de los Estados Unidos), en el Parque Forestal.

Tiene una clientela bastante fiel -y merecidamente- que se reúne en sus mesitas interiores o bien en las exteriores, junto su entrada y en la pequeña plazoleta que ha quedado inevitablemente integrada al negocio. Allí uno puede sentarse tranquilamente a beber una cerveza, comer algún sándwich preparado con recetas italianas o bien lengüetear alguno de los helados de flores, bajo la mirada opaca del busto que allí homenajea al pianista Arnaldo Tapia. Alcancé a tomar un par de fotografías dentro, antes de que los empleados me detuvieran, aludiendo a las órdenes de la dueña (doña María Teresa Undurraga... disculpe mi audacia).

En lo fundamental, se trata de un negocio surtido, donde se encuentran desde mercaderías hasta estas excentricidades de repostería. Bar, restaurant, heladería, pastelería, salón de té, café, almacén, etc. “Emporio”, a fin de cuentas. Los precios son buenos.

Pero el “Emporio La Rosa” no nació como tal: primero fue una tostaduría. Se llamaba “La Fournil”, según deduzco de algunas piezas que le quedan del local original. La administración quiso ampliar el negocio y asociarlo más al carácter bohemio del entorno. Allí emergió entonces el “Emporio”, el 2001, cuyo mayor éxito fue sin duda la oferta de estos helados no tradicionales, más o menos desde el año 2004. El crecimiento del local ha dejado etapas en donde conviven la elegancia y la rusticidad, tal como en muchos otros negocios del sector. Hoy tiene sucursales en el Barrio Alto, aunque sin el encanto de su primer local.

Hasta ayer, pensaba que la única utilidad real de los rosales era resguardar viñedos y servir de regalo en los cumpleaños de amantes. Pero ésta oferta del “Emporio La Rosa” sí que es extraña, sabrosa y recomendable para salir de la ignorancia botánica.

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